El paseante de las dos orillas
El paseante de las dos orillas Voy lo menos posible a las grandes bibliotecas. Me gusta más pasear por los muelles, esa deliciosa biblioteca pública.
Muelle de la Tournelle.
Sin embargo visito alguna vez la Nacional o la Mazarine y es en la Biblioteca del Museo Social, en la calle Las-Cases, donde conocà a un lector singular que era un aficionado a las bibliotecas.
«Me acuerdo —me dijo— de la lasitud profunda en esas ciudades donde yo erraba y, a fin de descansar, de encontrarme como en familia, entraba en una biblioteca.
—Asà es como usted conoce muchas.
—Forman una parte importante de mis recuerdos de viajes. No le hablaré de mis largas estancias en las bibliotecas de ParÃs; la admirable Nacional con sus tesoros aún ignorados, con sus tinteros marcados con E. F. (Empire français); La Mazarine, donde conocà a literatos encantadores: Léon Cahun, autor de novelas de primer orden que no se leen lo bastante; André Walckenear, Albert Delacour, los dos primeros han muerto, el tercero parece haber renunciado tanto a las letras como a las bibliotecas; la lejana biblioteca del Arsenal, una de las más preciosas que existen en el mundo para la poesÃa y, por fin, la biblioteca de Sainte-Geneviève, apreciada por los escandinavos.