El paseante de las dos orillas
El paseante de las dos orillas »En la biblioteca de San Petesburgo, no se podía consultar el Mercure de France en la sala de lectura. Los privilegiados iban a leerlo al espacio reservado a los bibliotecarios. He visto admirables manuscritos eslavos escritos sobre corteza de abedul. La biblioteca estaba abierta desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche. Y en la sala de lectura había muchos estudiantes pobres que iban para entrar en calor. Fue un verdadero centro revolucionario. A todas horas, las incursiones de la policía, durante las que cada lector debía enseñar su pasaporte, venían a alterar el ambiente de estudio de la biblioteca. Se veían niñas de doce años que leían a Schopenhauer. Gracias a la influencia de Sanine[24] de Artzibachev, enseguida aparecieron elegantes damas que leían las obras de los últimos simbolistas franceses.
Interior de la Biblioteca de San Petersburgo.
»La influencia de Sanine tuvo, por un tiempo, los resultados más extraños. Alumnos y alumnas de catorce a diecisiete años fundaron sociedades saninistas. Se reunían en una sala de restaurante. Cada uno de ellos llevaba un trozo de vela que después encendían. Entonces cantaban, bebían, y cuando la última vela se había apagado, comenzaba la orgía.