La mujer sentada
La mujer sentada —Confieso —dijo Elvire— que tengo una gran admiración por mi abuela. PodÃa resistirse a los hombres, mientras que hoy en dÃa, si bien las mujeres tienen más derechos que antaño, les resulta más difÃcil resistirse a los deseos viriles incluso cuando, como yo y como mi abuela, por lo que he creÃdo adivinar, son proclives a amar a las mujeres en general y se ven sujetas a caprichos por un pequeño número de hombres. Esta tarde empezaré el retrato de un danita. Es gracioso, me parece que tiene los rasgos de Pablo Canouris.
—A fe mÃa —dijo el Sr. Mahner—, creo que jamás he visto un danita sin su máscara verde. Pero se hace tarde y me he dejado llevar por los recuerdos, voy a intentar abreviar el resto de mi relato.