La mujer sentada
La mujer sentada Fue en Utah —dijo el viejo Otto Mahner—, en la plaza que ocupa el centro de la Gran Ciudad del Lago Salado, hacia las tres de la tarde. La caravana apareció primero como la pequeña humareda de un tiroteo. Se condensó en numerosos puntos negros que surgÃan del horizonte, desde donde serpenteaban como una procesión de hormigas. Enseguida se vio más grande el cortejo; junto a los furgones recubiertos de tela, las carretas y los que iban a pie —hombres y mujeres cargados con fardos—, se vieron siluetas de jinetes armados, y se oyó el clamor de la gente, el chirrido de las ruedas, el relinchar de los caballos.
Después, los que iban a pie, los jinetes y los carruajes entraron en la capital de los Santos de los Últimos DÃas por grupos, sucediéndose sin orden, a intervalos.