Manifiesto Cubista
Manifiesto Cubista Si el fin de la pintura es siempre, como lo fue en un tiempo, el placer de la vista, ahora se pide al amante del arte que encuentre un placer diverso del que le puede procurar, igualmente bien, el espectáculo de las cosas naturales.
Nos encaminamos asà hacia un arte completamente nuevo que será para la pintura, tal como fue considerada hasta ahora, lo que la música es para la literatura.
Será pintura pura, como la música es literatura pura.
El aficionado a la música experimenta, al escuchar un concierto, una alegrÃa distinta de cuando escucha los ruidos naturales, como el murmullo de un arroyuelo, el mugido de un torrente, el silbido del viento en el bosque o las armonÃas del lenguaje humano fundadas en la razón y no en la estética.
Del mismo modo, los pintores nuevos procurarán a sus admiradores sensaciones artÃsticas debidas únicamente a la armonÃa de las luces contrastantes.
Es conocida la anécdota de Apeles y Protógenes que nos relata Plinio.
Muestra claramente el placer estético que resulta sólo de esta construcción contrastante de la que he hablado.
Apeles llega un dÃa a la isla de Rodas para ver los trabajos de Protógenes, que vivÃa allÃ. Éste no estaba en su taller cuando Apeles llegó.