Dinero

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VIEJA. Pero ahora el hijo de perra ya no piensa como antes, sino que está cambiadísimo. Yo le mandé esta tarta y estas otras golosinas que están sobre la bandeja, dándole a entender que yo iría por la noche…

CRÉMILO. ¿Qué hizo? Dímelo.

VIEJA. Me lo devolvió con este pastel de leche a condición de que nunca más vaya por allí y, para colmo, al devolvérmelo me dijo: «Un día fueron bravos los milesios».

CRÉMILO. (Aparte.) Está claro que no era un mal tipo. Ahora que es rico ya no le gusta el puré de lentejas. Antes, al ser pobre, comía de todo.

VIEJA. ¡Por las dos diosas!

[86], y la cosa es que antes, todos los días venía a mi puerta.

CRÉMILO. ¿Para ver salir el entierro?

VIEJA. No, por Zeus, solamente por el gusto de oír mi voz.

CRÉMILO. (Aparte.) A ver si caía algo.

VIEJA. ¡Por Zeus!, y si se daba cuenta de que yo estaba triste, me decía cariñosamente «patito mío» y «palomita mía».

CRÉMILO. (Aparte.) Y después lo mismo te pedía para unas sandalias.

VIEJA. ¡Por Zeus!, y en los Grandes Misterios


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