Las Avispas
Las Avispas FILOCLEÓN.— ¿Y a dónde va a parar entonces el resto del dinero?
BDELICLEÓN.-A los que gritan: "Nunca haremos traición al pueblo ateniense; siempre combatiremos por la democracia." Tú, padre mÃo, engañado por sus palabras, dejas que te dominen. Ellos, en tanto, arrancan a los aliados los talentos por cincuentenas, aterrándoles con estas amenazas: «O me pagáis tributo o no dejo piedra sobre piedra en vuestra ciudad.» Y tú te contentas con roer los zancajos que les sobran. A los aliados, en tanto, viendo que la multitud ateniense vive miserablemente de su salario de juez, les importa tanto de tà como del voto de Comio; mas a ellos les traen a porfÃa orzas de conservas, vino, tapices, queso, miel, sésamo, cojines, frascos, túnicas preciosas, coronas, collares, copas; en fin, cuanto contribuye a la salud y a la riqueza; y a ti, que mandas en ellos, después de tus infinitos trabajos en mar y tierra, ni siquiera te dan una cabeza de ajos para guisar pececillos.
FILOCLEÓN.-Efectivamente, eso es muy cierto, yo mismo he tenido que enviar a casa de Eucárides[47] a por tres cabezas. Pero me consumes no probándome esa pretendida esclavitud.