Las Avispas
Las Avispas XANTIAS.-Pero quiero explicar el asunto a los espectadores y hacerles antes algunas breves advertencias. No esperéis de nosotros poesía trascendente ni tampoco chocarrerías de inspiración megarense[7]. No poseemos ninguna pareja de esclavos que bombardee a los espectadores con una cesta llena de nueces[8] ni un Heracles furioso por su cena frustrada, ni un Eurípides que censurar; e incluso tampoco tenemos la intención de presentar a Cleón hecho picadillo, pese al esplendor de su buena suerte; pero tenemos un asunto bastante ingenioso aunque no arriesga romperos la cabeza y más inteligente, de fijo, que una farsa vulgar. Nuestro dueño, hombre poderoso, que duerme en la habitación que está bajo el tejado, nos ha mandado que guardemos a su padre, ? quien tiene encerrado para que no salga. Este se halla atacado de una enfermedad tan extraña, que difícilmente la podríais conocer vosotros, ni aún figurárosla, si no os dijéramos cuál era. ¿No lo creéis? Pues tratad de adivinarlo. Aminias, el hijo de Pronapo, dice que es la afición al juego; pero se equivoca.
SOSIAS.-Ciertamente. Se le figura que los demás tienen sus vicios.
XANTIAS. No; el mal tiene su raíz en otra afición... Ahí está Sosias, que le dice a Dercilo que es la afición a la bebida.