Las Ranas
Las Ranas Iaco, amigo del baile, guía mis pasos. Mirando de reojo, acabo de ver una hermosísima doncella, por cuya túnica desgarrada asomaba indiscretamente parte de su seno (77). Iaco, amigo del baile, guía mis pasos.
BACO
Sí, a mí me gusta unirme a esos coros, y deseo bailar con ella.
JANTIAS
Yo también.
CORO
¿Queréis que nos burlemos juntos de Arquedemo? (78) A los siete años no era todavía ciudadano, y ahora es jefe de los muertos de la tierra (79), y ejerce allí el principado de la bribonería. He oído que Clístenes se arranca sobre los sepulcros los pelos de las nalgas y se araña las mejilla (80): tendido sobre las tumbas gime, llora y llama desolado a Sebine de Anaflisto (81). También cuentan que Calías, el hijo de Hipobino (82), cubierto de una piel de león (83), se entrega sobre sus naves a un combate amoroso.
BACO
¿Podrías decirnos dónde está la morada de Hades? Somos unos
extranjeros recién llegados.
CORO
No vayas más lejos, ni repitas la pregunta: sabed que estáis en su misma puerta.