Las Ranas
Las Ranas Porque le confundo. Después de haberse pasado la mitad de la tragedia con estas vaciedades, soltaba una docena de palabrotas campanudas, muy fruncidas de entrecejo y empenachadas, verdaderos espantajos que aterraban a los espectadores asombrados!
ESQUILO
¡Oh rabia!
BACO
(A Esquilo) ¡Silencio!
EURÍPIDES
Y no decía nada inteligible...
BACO
(A Esquilo) No rechines los dientes.
EURÍPIDES
Pues todo se volvían Escamandros y fosos, y enseñas de escudos, y águilas-grifos de bronce, y palabras ampulosas, difíciles de comprender.
BACO
Es verdad; yo me pasé en claro toda una noche tratando de averiguar qué pájaro era su gran gallo amarillo (137).