Lisístrata
Lisístrata LISÍSTRATA: De Atenas no voy a pronunciar nada de ese estilo: adivina tú mis pensamientos. Pero si se reúnen aquí las mujeres, las de los beocios, las de los peloponesios y nosotras, salvaremos todas juntas a Grecia.
CLEONICE: Y, ¿qué plan sensato o inteligente podrían realizar las mujeres si lo nuestro es permanecer sentadas, bien pintaditas, luciendo la túnica azafranada y adornadas con el vestido recto[8] y con las zapatillas de moda?
LISÍSTRATA: Pues eso mismo es lo que espero que nos salve: las tuniquillas azafranadas, los perfumes, las zapatillas, el colorete[9] y las enaguas transparentes.
CLEONICE: Y, ¿de qué manera?
LISÍSTRATA: De manera que de los hombres de hoy en día ninguno levantará la lanza contra otro…
CLEONICE: Entonces, ¡por las dos diosas[10]!, me haré teñir una túnica de azafrán.
LISÍSTRATA:… ni cogerá el escudo…
CLEONICE: Voy a ponerme el vestido recto.
LISÍSTRATA:… ni el puñal.
CLEONICE: Voy a comprarme unas zapatillas de moda.
LISÍSTRATA: ¿Pero no tenían que estar aquí ya las mujeres?
