Física
Física [43] La pregunta es ahora claramente platónica: ¿cuándo se cumple inicialmente el cambio? Aunque no hay aquí una polémica expresa con lo instantáneo o el «instante» (exaíphnes) de Platón, da la impresión de que Aristóteles está retomando la problemática del Parménides, 156c-e. Así como antes se dijo que el momento terminal del cambio tiene que ser atómico, indivisible (una concesión al atomismo), porque el término de un continuo es indivisible, en este caso se niega que se pueda hablar de un término inicial en el cual y desde el cual el cambio comience, pues todo punto que se tome como comienzo es siempre una parte divisible del proceso de cambio. El comienzo de un cambio está ciertamente en el tiempo, pero todo intento de singularizarlo nos conduce al abismo de la infinita divisibilidad. Porque en el límite inicial lo que cambia todavía no ha cambiado, y no hay ningún instante (o «ahora») que siga inmediatamente al límite inicial (ya que dos indivisibles no pueden «tocarse»), sino siempre una duración o intervalo temporal, por mínimo que sea, y como tal siempre divisible. Ciertamente, tampoco de ninguna parte del proceso se puede decir que sea el fin, pero hay un límite indivisible (péras átomon) que no es parte del proceso. Aristóteles apela, pues, al infinito potencial: suponer un primer «ahora» sería suponer que una división infinita tenga un último término. Así, no hay un «cuándo» inicial del cambio, nunca lograremos determinarlo. El instante del Parménides platónico, por el contrario, implica que la división puede ser llevada hasta determinar una primera parte de una infinita secuencia de la cual procede el cambio. Entre movimiento y reposo hay un cambio tal que en última instancia implica un llegar a ser simpliciter y esa transición no puede ser continua (vid. ALLEN, Plato’s Parmenides, págs. 264-265; SOLMSEN, Aristotle’s System of the Physical World, págs. 204-221; Wieland, 1962, págs. 310-316). <<