La Gran Moral
La Gran Moral Lo mismo sucede con todos los demás sentimientos. Con respecto a ellos, la función propia de la disposición moral consiste en que estemos bien o mal dispuestos respecto de las diversas cosas que estos sentimientos provocan. Estar bien dispuesto significa no incurrir en el exceso, ni en el defecto. Y así la disposición es buena respecto a las cosas que pueden merecer alabanza, cuando se mantiene en esta especie de término medio. La disposición es mala cuando se incurre en el exceso o en el defecto. Puesto que la virtud cuando ocupa el medio entre las afecciones, y que las afecciones o, en otros términos las pasiones del alma son penas o placeres, no hay virtud sin placer o sin pena. Esto nos prueba también, de una manera general, que la virtud tiene relación con las penas y con los placeres del alma. Podría objetarse a esta teoría que hay también otras pasiones respecto de las que no consiste el vicio ni en el exceso ni en el defecto, por ejemplo, el adulterio; el hombre que le comete no puede seducir más o menos a las mujeres libres que ha perdido. Pero al hacer esta objeción no se echa de ver que este vicio y cualquiera otro análogo que pudiera citarse están comprendidos en el placer culpable de la relajación; y que, presentado desde este punto de vista, sea un exceso, sea un defecto, es reprensible del mismo modo que todos los demás.