La Gran Moral
La Gran Moral Esto tiene lugar igualmente y con una perfecta semejanza respecto del hombre. El hombre también puede engendrar substancias, y, en virtud de ciertos principios y de ciertos actos que ejecuta puede producir las cosas que produce. ¿Ni cómo podrÃa suceder de otra manera? Ninguno de los seres inanimados puede obrar en el verdadero sentido de esta palabra, asà como entre los seres animados ninguno obra realmente, excepto el hombre. Por consiguiente, el hombre produce actos de cierta especie. Pero como los actos del hombre mudan sin cesar a nuestros ojos, y jamás hacemos idénticamente las mismas cosas; y como, por otra parte, los actos producidos por nosotros lo son en virtud de ciertos principios, es claro que tan pronto como los actos mudan, los principios de estos, actos mudan también, como lo hemos hecho ver en la comparación tomada de la geometrÃa. El principio de la acción, buena o mala, es la determinación, es la voluntad y todo lo que en nosotros obra según la razón. Pero la razón y la voluntad, que inspiran nuestros actos, mudan también, puesto que nosotros hacemos que muden nuestros actos con plena voluntad. Por consiguiente, el principio y la determinación mudan como mudan aquéllos; es decir, que este cambio es perfectamente voluntario. Por tanto, y como conclusión final, sólo de nosotros depende el ser buenos o malos. «Pero, se dirá quizá, puesto que de mà sólo depende ser bueno, seré, si quiero, el mejor de los hombres». No, eso no es posible como se imagina. ¿Por qué? Porque semejante perfección no tiene lugar ni aun para el cuerpo. Podrá cuidarse o acicalarse el cuerpo cuanto se quiera, pero no por esto se conseguirá que sea el cuerpo más hermoso del mundo. Porque no basta el cuidado más esmerado, puesto que se necesita, además, que la naturaleza nos haya dotado de un cuerpo perfectamente bello y perfectamente sano. Con el esmero, el cuerpo aparecerá mejor, pero no por eso será el mejor organizado entre todos los demás. Lo mismo sucede respecto al alma. Para ser el más virtuoso de los hombres no basta quererlo si la naturaleza no nos auxilia; pero se será mucho mejor, si hay esta noble resolución.