La Gran Moral

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La magnificencia es el medio entre la ostentación y la mezquindad. Se refiere a los gastos que un hombre colocado en alta posición debe saber hacer. El que gasta cuando no debe gastar, es fastuoso y pródigo; por ejemplo, si a simples convidados que contribuyen con su escote a la comida se les trata como si fueran convidados para una boda, será una ostentación y un fausto ridículo, porque se llama ostentación hacer alarde de su fortuna en ocasiones en que no debería hacerse. La mezquindad, que es el defecto contrario al fausto, consiste en no saber gastar con grandeza cuando conviene, o bien cuando, resuelto uno a hacer grandes gastos, por ejemplo, con ocasión de una oda o de una ceremonia pública, los regatea y no los hace de una manera conveniente. Esto se llama ser mezquino. Se comprende perfectamente que la magnificencia es tal como nosotros la describimos, aunque no sea más que por el nombre que lleva; pues porque, cuando llega la ocasión, hace las cosas en grande y cual conviene hacerlas, recibe con razón el nombre con que se la conoce. Y así, la magnificencia, puesto que es laudable, es un cierto medio entre el exceso y el defecto en los gastos, según las circunstancias en que conviene hacerlos. A veces se quiere hacer distinción entre los rasgos de magnificencia: por ejemplo, hablando de su sujeto, se dice: " marcha magníficamente". Pero éstas y otras diversas acepciones sólo descansan en una metáfora, y entonces no se emplea esta palabra en su sentido especial. Hablando con propiedad, no hay en estos casos verdadera magnificencia, porque sólo se encuentra en los límites en que nosotros la hemos encerrado.


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