Obra biologica

Obra biologica

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Hay que examinar el resto de las partes homeómeras y, en primer lugar, la carne, en los animales que la tienen, y la parte análoga en los demás. Esta parte constituye en los animales un principio y lo esencial del cuerpo. Se demuestra también mediante la razón: definimos al animal por el hecho de tener sensibilidad y por tener, en primer lugar, esta sensación: el tacto, cuyo órgano es dicha parte, que, o bien es la primera, como la pupila en el caso de la vista, o bien es la parte que colabora, como en el caso de que a la pupila se sumase todo lo transparente [282]. Así pues, sería imposible y totalmente inútil para la naturaleza hacer esto con las demás sensaciones, mientras que el tacto es así por necesidad. En efecto, este es el único o el más corporal de los órganos sensoriales [283]. Y en relación con la sensación, resulta evidente que todas las demás partes existen para ella, me refiero, por ejemplo, a los huesos, la piel, los nervios y las venas, además de los pelos y el tipo de uñas, y cualquier otra semejante. En efecto, el conjunto de los huesos, que son duros por naturaleza, ha sido ideado para preservar las partes blandas, en los que tienen huesos, mientras que en los que no los tienen, lo ha sido la parte análoga, por ejemplo: entre los peces, unos tienen espina y otros, cartílago. Así, unos animales poseen dicho soporte en el interior, mientras que algunos [654a] no sanguíneos en el exterior, como todos los crustáceos, por ejemplo: los cangrejos y el género de las langostas, e igualmente los testáceos, como las llamadas ostras. Todos estos tienen la parte carnosa en el interior, mientras que la parte terrosa que la mantiene y guarda, está en el exterior. En efecto, para asegurar su continuidad, pues su naturaleza, al no tener sangre, contiene poco calor, la concha que lo rodea guarda, como una estufa, el calor producido. La tortuga, sin embargo, y el género de los de los emídidos [284] parecen ser como éstos, aunque su género es otro. En cuanto a los insectos y los moluscos, su constitución es contraria a aquellos e incluso opuesta entre sí. Parecen no tener ninguna parte ósea ni de tierra que se distinga, por lo cual merece la pena describirlos [285]; pues bien, los moluscos son carnosos y blandos casi en su totalidad, y para que su cuerpo no pueda corromperse fácilmente, como las cosas de carne, posee una naturaleza intermedia entre la carne y el tendón. En efecto, es blando como la carne pero tiene elasticidad como el tendón. Su carne no se divide longitudinalmente sino en porciones circulares. Así puede ser de mayor utilidad para hacer fuerza. Pero entre ellos se encuentra también un análogo a las espinas de los peces, el llamado hueso de la sepia[286], y el llamado espada en los calamares [287]. Por el contrario, el género de los pulpos no tiene nada semejante porque lo que llamamos cabeza es una pequeña cavidad, frente a otros cuya cabeza presenta una largura considerable. Por eso, la naturaleza ideó estas partes para que se mantuvieran erguidos e inflexibles, como el hueso de los sanguíneos y la espina de otros. Los insectos, sin embargo, se oponen a éstos y a los sanguíneos, como hemos dicho [288]. En efecto, no tienen una parte determinada dura y otra blanda, sino que el cuerpo entero es duro, y la dureza es tal que es más carnosa que el hueso y más terrosa que la carne, para que su cuerpo no pueda romperse fácilmente.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker