Obra biologica

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CAPÍTULO 3

A continuación y siguiendo con lo expuesto, tenemos que tratar también sobre lo seco y lo húmedo [240]. Estos términos se dicen en muchos sentidos, por ejemplo: en un sentido están en potencia y en otro, en acto. Un hielo y todo líquido helado se denomina seco en acto y por accidente, aunque en potencia y en sí mismos sean líquidos; por otro lado, la tierra, la ceniza y sus semejantes, mezcladas con un líquido, son, en acto y por accidente, húmedas, pero en sí mismas y en potencia, secas. Pero si descomponemos estas mezclas, las partes de agua, que son fluidas [241], son en acto y en potencia, húmedas, mientras que las partes de tierra son totalmente secas, y éste es principalmente el modo de denominar lo seco de una forma propia y absoluta. Igualmente, lo húmedo también tiene, según el mismo razonamiento, un sentido propio y absoluto, incluso en las cosas calientes y frías. Definidos estos términos, es evidente que la sangre es caliente en un sentido: como esencia de la propia sangre (estamos hablando como si le diésemos un nombre determinado al agua hirviendo). Pero el sustrato, es decir, lo que permanece en la sangre, no es caliente. Y en sí misma es en un aspecto caliente y en otro, no, pues en su definición se incluirá el calor como en la definición de un hombre blanco se incluye la blancura. Por lo cual, la sangre es caliente por afección, no en sí misma.


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