Obra biologica

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Según el razonamiento que define la causa del movimiento, el deseo es el centro que mueve al ser movido [591]. En los cuerpos animados debe haber un cuerpo de tal clase. Lo que es movido y no mueve por naturaleza puede verse afectado por una fuerza ajena. Lo que mueve debe tener cierta potencia y fuerza [592]. Es evidente que todos los animales poseen un aliento innato [593] y son fuertes por éste. (Se ha expuesto en otros puntos cuál es la conservación del aliento innato [594]). Este parece tener la misma relación con el principio del alma que el punto de las articulaciones, que mueve y es movido, con lo inmóvil. Puesto que el principio en unos animales está en el corazón y en otros, en lo análogo, por eso también el aliento innato parece hallarse allí. Si el aliento es siempre igual o se vuelve siempre diferente, se ha de discutir en otro tratado [595] (el mismo que para el resto de las partes). Está claro que está por naturaleza bien dotado para ser móvil y ejercer fuerza. Los trabajos propios del movimiento son el impulso y la tensión [596], de modo que el órgano tiene que poder dilatarse y contraerse. Tal es la naturaleza del aliento, pues no es forzada cuando se contrae y puede ser forzada y violenta por la misma causa, y tiene peso en comparación con los elementos ígneos y ligereza en comparación con los contrarios [597]. Lo que va a mover no debe ser de tal clase por alteración. Pues los cuerpos naturales prevalecen uno sobre otro por exceso; lo ligero es vencido abajo por lo más pesado y lo pesado es arriba vencido por lo más ligero.


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