Obra biologica

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La naturaleza de los huesos y la de las venas es semejante. Cada una de ellas es continua y parte de un principio único, asimismo, ningún hueso existe por sí y en sí mismo, sino que, o bien existe como parte de uno continuo o bien está unido y sujeto para que la naturaleza lo utilice [654b] ya como uno solo y continuo ya como dos divididos para la flexión. Igualmente, ninguna vena existe por sí misma y en sí misma, sino que todas son parte de una sola. Si existiese un hueso aislado, no podría cumplir la función por la que existe el conjunto de los huesos (no podría ser el causante ni de la flexión ni de ningún tipo de rectitud porque no sería continuo sino discontinuo) y además, podría causar daño a las carnes como una espina o una flecha. Y si existiese una vena aislada y no fuese continua a su principio, no podría conservar la sangre que contiene, pues el calor de aquella le impide coagularse y, por otro lado, es evidente que la sangre aislada se corrompe [289]. El corazón es el principio de las venas [290], y el de los huesos, para todos los que tienen huesos, la llamada columna vertebral, a partir de la cual la naturaleza de los demás huesos es continua. En efecto, la columna vertebral es la que mantiene la largura y la rectitud de los animales. Ahora bien, como es necesario que el cuerpo del animal en movimiento se doble, es única por la continuidad y múltiple por su división en vértebras. En los animales que tienen miembros que parten de ésta y son continuos a ella, sus huesos pertenecen a la clase de las articulaciones: son los miembros que tienen flexión y están unidos entre sí por los tendones, y poseen extremos que se adaptan entre sí porque uno es hueco y otro redondo, o bien los dos son huecos y comprenden en medio, como una clavija, un huesecillo, con el fin de que se produzca la flexión y la extensión (de otra forma o sería totalmente imposible o no se podría realizar tal movimiento correctamente). Algunos, cuando el principio de uno es semejante al término de otro, quedan unidos por los tendones. Además, en éstos, existen partes cartilaginosas en medio de las articulaciones para que, como una almohadilla, impidan que se desgasten mutuamente. En torno a los huesos se desarrollan las carnes, sujetas por hilos finos y fibrosos. Para éstas existe el género de los huesos. Tal como los artistas que modelan una figura de barro o de cualquier otro compuesto húmedo, ponen como soporte un objeto duro y modelan, así, en torno a él; del mismo modo, la naturaleza ha fabricado al animal de carnes. Los huesos se hallan bajo las diferentes partes carnosas: en las partes que se mueven, para favorecer la flexión, y en las inmóviles, para proteger; por ejemplo: las costillas que rodean el pecho sirven para salvaguardar [655a] las vísceras que rodean el corazón. Sin embargo, todos los animales carecen de huesos en la zona del vientre para no impedir la hinchazón que, por necesidad, se produce en los animales después de alimentarse y el crecimiento del embrión en el interior de las hembras. Los animales vivíparos, tanto interior como exteriormente, tienen huesos de parecida fuerza y solidez. Todos estos animales son mucho más grandes que los no vivíparos si hacemos referencia a la proporción de sus cuerpos. En algunos sitios, muchos vivíparos llegan a hacerse de gran tamaño, por ejemplo: en Libia y en lugares cálidos y secos [291]. Los animales grandes necesitan unos soportes más sólidos, más grandes y más duros, y, en especial, los que poseen un temperamento más violento. Por eso, los huesos de los machos son más duros que los de las hembras, y, más aún, los de los carnívoros (ya que obtienen el alimento mediante la lucha), como es el caso de los del león. Así pues, son de naturaleza tan dura que si se golpean puede salir fuego, como ocurre con las piedras [292]. En el caso del delfín, no posee espinas sino huesos ya que es un animal vivíparo [293]. Para los animales sanguíneos no vivíparos la naturaleza establece una ligera diferencia, como por ejemplo: las aves tienen huesos pero son más frágiles [294]. Entre los peces, los ovíparos tienen espina, y en las serpientes la naturaleza de sus huesos es semejante a la espina, excepto en las que son muy grandes. Estos últimos, por las mismas razones que los vivíparos, necesitan un esqueleto más sólido para tener fuerza. Por otro lado, los llamados selacios tienen una espina de naturaleza cartilaginosa. Su movimiento tiene que ser muy fluido, por consiguiente, la naturaleza de sus soportes no debe ser quebradiza sino muy flexible; además, la naturaleza ha empleado toda la parte terrosa en hacer su piel y no puede distribuir el mismo excedente en diversos lugares a la vez. Existen también muchos huesos cartilaginosos en todos los vivíparos en los que conviene que la parte sólida sea flexible y glutinosa en vista de la carne que lo rodea; se encuentra por ejemplo, en las orejas y en las narices. En efecto, en las partes salientes, lo quebradizo se rompe en seguida. La naturaleza del cartílago y del hueso es la misma, difieren, sin embargo, en el más y el menos [295]; por eso ninguna de las dos crece después de haber sido cortada. En los animales terrestres, los cartílagos no tienen médula, al menos que se distinga, pues lo que en todo hueso aparece separado es, en este caso, una mezcla y hace que la constitución del cartílago sea blanda y glutinosa. En los selacios, sin embargo, la columna vertebral [655b] es cartilaginosa y contiene médula, pues tiene esta parte en lugar de un hueso. Por el tacto, las siguientes partes se asemejan a los huesos: las uñas, los cascos, las pinzas, los cuernos y los picos de los pájaros [296]. Los animales poseen todas estas partes para su defensa, pues las partes formadas enteramente del mismo tejido y que tienen el mismo nombre que sus partes, como una uña entera o un cuerno entero, están ideadas para la conservación de cada uno. El conjunto de los dientes también pertenece a este género; en unos animales tiene como única función la elaboración del alimento y en otros, además, la de luchar, como en todos los de dientes agudos y salientes. Por necesidad, todos éstos son terrosos y de naturaleza sólida ya que tienen la misma potencia que un arma. Por eso, dichas partes se dan más en los cuadrúpedos vivíparos, porque todos ellos tienen una composición más terrosa que la especie humana [297]. Sobre estas cosas y las siguientes, como la piel, la vejiga, la membrana, los pelos, las plumas, los análogos a éstas y cualquier parte semejante, hay que estudiar sus causas más tarde [298], junto a las partes no homeómeras, y por qué se encuentra cada una en los animales. Sería necesario estudiarlas a partir de sus funciones, como las partes no homeómeras. Pero como sus fragmentos reciben el mismo nombre que el todo, han sido ubicadas aquí, entre las partes homeómeras. El hueso y la carne son los principios de todas ellas. Además, respecto al semen y la leche, los hemos dejado aparte en el estudio sobre los humores y las partes homeómeras, ya que tienen su correspondiente consideración en los tratados sobre la generación: el uno es principio de los seres y la otra, la alimentación de los recién nacidos [299].


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