Retorica
Retorica Es lógico pensar, a tenor de este planteamiento, que las oposiciones entre filosofía, retórica y poética tenderían a reorganizarse, así, como A. Rostagni ha estudiado en detalle, en torno a la oposición más amplia entre el «filósofo» (philósophos) y el «literato» (philólogos)[24]. Y éstas son ciertamente las noticias que tenemos de la historia del Liceo. Para describir los cambios que introdujo Licón a partir de su rectoría en el 268, Diógenes Laercio retrata su personalidad con esa misma palabra: «literato»[25]. Un eco semejante nos llega de la postura sostenida por Critolao a propósito de la retórica, durante la embajada extraordinaria que reunió a éste en Roma, en el 156, con el académico Carnéades y el estoico Diógenes de Babilonia[26]: Quintiliano remite «a los peripatéticos y a Critolao» la tesis de aquellos que han convertido la retórica en un usus dicendi (nam hoc τρίβη significat)[27]. El mismo resultado se desprende, además, de la reorganización del Corpus hecha por Andrónico, en la que la Retórica forma cuerpo con la Poética y queda excluida del Órganon. Y esta misma operación la vemos ejecutarse también en Dionisio de Halicarnaso —el gramático contemporáneo de Augusto que mejor conoce la obra de Aristóteles, de la que transcribe amplios pasajes—, para quien, de acuerdo con una herencia preceptista y clasificatoria, que parece ya codificada en la interpretación de la Retórica, el análisis del discurso no se funda en la lógica, sino en un valor autónomo del estilo, que el propio Dionisio fija ahora como derivado del orden y composición «de los argumentos y las palabras»[28].