Retorica
Retorica Sin embargo, los que han compuesto Artes acerca de los discursos,[5] ni siquiera —por asà decirlo— han proporcionado una parte de tal <arte> (pues sólo las pruebas por persuasión son propias del arte[6] y todo lo demás sobra) y, por otro lado, nada dicen de los entimemas, que son el cuerpo 15de la persuasión, y más bien se ocupan, las más de las veces, de cuestiones ajenas al asunto. Porque, en efecto: el mover a sospecha, a compasión, a ira y a otras pasiones semejantes del alma no son propias del asunto, sino atinentes al juez.[7] De modo que si ocurriera en todos los juicios como ya acontece 20en algunas ciudades, y principalmente en las que tienen buenas leyes, nada tendrÃan <estos autores> que decir. Pues todos, ciertamente, o bien juzgan que conviene que las leyes proclamen este principio, o bien lo practican y prohÃben hablar fuera de lo que toca al asunto, como se hace en el Areópago,[8] procediendo 25en esto adecuadamente. Pues no conviene inducir al juez a la ira o a la envidia o a la compasión, dado que ello equivaldrÃa a torcer la propia regla de que uno se ha de servir. Aparte de que es evidente que nada compete al litigante fuera de mostrar que el hecho es o no es asà y si aconteció o no aconteció. En cambio, el que sea grande o pequeño, justo o injusto, y todo lo que el 30legislador ha dejado sin explicitar, eso conviene que lo determine el mismo juez y no que tenga que aprenderlo de las partes.