Retorica
Retorica 30Admitamos que la ira[12] es un apetito penoso de venganza por causa de un desprecio manifestado contra uno mismo o contra los que nos son próximos, sin que hubiera razón para tal desprecio.[13] Ahora bien, si esto es la ira, entonces es necesario que el iracundo se encolerice contra un individuo concreto —por ejemplo, contra Cleón, pero no contra el hombre <en general>—;[14] además, que sea por algo que le han hecho o iban a hacerle a él mismo o a los suyos; y, 1378bademás, que a toda ira siga un cierto placer, nacido de la esperanza de vengarse.[15] Es placentero, en efecto, pensar que se podrán conseguir aquellas cosas que se desean. Mas como nadie aspira a lo que se le muestra imposible, el iracundo desea lo que le parece que se puede hacer. Y por eso del apetito irascible se 5ha dicho bellamente:
que, mucho más dulce que la miel rezumante,
crece en los corazones de los hombres.[16]
Por esta razón, pues, acompaña <al iracundo> un cierto placer; y también porque ocupa su tiempo con el pensamiento de la venganza, 10de modo que la imagen[17] que entonces le surge le inspira un placer semejante al que <se produce> en los sueños.
