Retorica
Retorica De lo dicho queda, pues, claro cuántas especies hay de máximas y a qué se ajusta cada una de ellas. Pues, en efecto: por una parte, en las que son controvertidas o fuera de la opinión común no ha de prescindirse del epÃlogo —pero, o bien, si 30precede el epÃlogo, debe emplearse la máxima como conclusión (algo asà como si se dijera: «yo afirmo que, puesto que no conviene ni ser objeto de envidia ni ser ocioso, no es útil recibir educación»), o bien, si se dice <la máxima> al principio, se debe añadir luego lo precedente—; y, por otra parte, en las que no son paradójicas, pero sà oscuras, ha de establecerse previamente el porqué, a fin de hacerlas más rotundas. En tales casos son 35adecuados los apotegmas lacónicos[264] y los enigmas, como 1395ael decir, por ejemplo, lo que EstesÃcoro manifestó a los Locrios: que no conviene ser insolente, para que no canten las cigarras desde el suelo.[265]