Retorica
Retorica Desde hace algo más de medio siglo —en particular, desde el encuentro entre las obras de W. Jaeger y los métodos de análisis de la filosofÃa hermenéutica[1]— viene hablándose de la «escritura» como de un problema fundamental de la interpretación de Aristóteles. Para comprender este problema hay que partir de la base, según acaba de hacerlo E. Lledó, de que «las palabras aristotélicas se han incorporado frecuentemente al discurso de sus intérpretes y han formado con ellos una amalgama en la que adquirÃan inesperadas, anacrónicas y sorprendentes resonancias»[2]. El problema de la «escritura» se plantea, desde este punto de vista, como la necesidad de restablecer el lenguaje originario de Aristóteles mediante una restitución de «la historia real de la que, en todo momento, se alimentó ese lenguaje»[3]. Pero como lo que obstaculiza esa tarea es precisamente el discurso de los intérpretes, resulta entonces que la restitución de tal lenguaje originario está condicionada a la crÃtica de los otros lenguajes: al aislamiento de las tradiciones en que ellos nacen y de las adherencias que incorporan, todas las cuales ocultan la historia real del discurso aristotélico en la medida en que postulan, y reproducen, su propia historia.