Retorica
Retorica 1415bAhora bien, lo que se pone más interés en atender son los asuntos importantes, los propios, los que despiertan admiración y los que resultan placenteros y, por eso, el discurso debe inspirar la idea de que trata de esta clase de cosas. Por el contrario, si no se quiere que el auditorio atienda, <la idea que debe inspirarse es> que se trata de algo de poca monta, que nada tiene que ver con ellos y que es molesto. De todos modos, conviene no 5olvidar que todos estos medios son marginales al discurso y que, en efecto, se dirigen a un oyente de poca valÃa, que presta audiencia a lo que está fuera del asunto. Porque, si no es asà el caso, para nada es preciso el exordio, sino que basta con decir los puntos capitales del asunto, para que éste, a manera de un cuerpo, tenga también cabeza.[305] Pero, además, el llamar la atención es común 10a todas las partes del discurso, en caso de que haga falta; y, ciertamente, en cualquier sitio se dispersa más la atención que al comenzar el discurso, por lo que es ridÃculo exigirla al comienzo, cuando más atentos están los oyentes. De modo, pues, que allà donde lo requiera la ocasión,[306] allà hay que decir:[307] «Atendedme ahora, porque esto no me concierne a mà más que a vosotros»; y también: «pues voy a deciros algo de tal manera terrible 15y tan digno de admiración, como nunca habéis oÃdo». Lo cual equivale —como lo decÃa Pródico, cuando se le adormilaba el auditorio— a intercalar <<lo>> de las cincuenta dracmas.[308]