El juguete rabioso
El juguete rabioso —¿Por qué no viniste?… Yo no te hubiera dicho nada. Si es el destino, Silvio. ¿Qué serÃa de mà si el revólver hubiera disparado? Tú ahora estarÃas aquÃ, con tu pobre carita frÃa… ¡Ah, Silvio, Silvio! Y por la ojera carminosa le descendÃa una lágrima pesada.
Sentà que anochecÃa en mi espÃritu y apoyé la frente en su regazo, en tanto que creÃa despertar en una comisarÃa, para distinguir entre la neblina del recuerdo, un cÃrculo de hombres uniformados que agitaban los brazos en torno mÃo.