La isla desierta _ Saverio el cruel
La isla desierta _ Saverio el cruel Entran PEDRO, LUISA y ERNESTINA, una muchacha de veinte años
PEDRO. —Buenas tardes, amigo Saverio.
SAVERIO. —Buenas tardes, doctor.
LUISA. —Pero ¡qué monada está, Saverio! Le voy a presentar a una amiguita, Ernestina.
SAVERIO (estrechándole la mano). —Tanto gusto.
PEDRO. —¡Qué bien le queda el uniforme! A ver, ¿quiere darse vuelta?
(SAVERIO gira despacio sobre sà mismo).
ERNESTINA. —Completamente a la moda.
PEDRO. —Le da un aire marcial…
LUISA. —Queda elegantÃsimo… Si usted se pasea por Florida, las vuelve locas a todas las chicas…
SAVERIO. —No tanto, no tanto.
LUISA (picaresca). —Hágase el modesto, Saverio. (A ERNESTINA). ¿No es cierto que se parece a Chevalier en «El desfile del amor»?
ERNESTINA. —Cierto; usted, Saverio, tiene cierto parecido con Barrymore[11] el joven.
SAVERIO. —Extraño… ¿eh?
LUISA. —¿Y no lo ha visto su novia asà vestido?…
SAVERIO (estúpidamente). —No tengo novia, señorita…
ERNESTINA. —Probablemente es casado y con hijos…
