Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Claro está que casarse con una ciega no deja de constituir un disparate. No seré tan obcecado de negarlo. Pero casarse con una mujer que tiene los ojos habilitados para ver lo que no le importa es más disparate aún. En cambio, la Cieguita, con su cara pálida y los brazos al aire, no me molestarÃa para nada, y quién sabe si no me cambiarÃa la vida. Erdosain estará loco, pero tiene razón. La vida no se puede vivir sin un objeto. Además, se me ocurre que Erdosain no tiene esta sensación, que es importantÃsima: ¿La vida se puede transformar de manera que una ciruela tenga la sensación de haber sido siempre guinda? Cuando pienso en la Cieguita tengo esa misma sensación. Dejaré de ser el que soy para convertirme en otro. Posiblemente en esto influya el magnetismo de que está cargada la Cieguita. Como vivió en las tinieblas, cada vez que uno la mira le da las gracias a Dios o al diablo de tener los ojos bien abiertos.