Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Cuando hay un gran deseo, aún durmiendo se desea… ¡qué he dicho!, aun en el delirio de la fiebre se continúa deseando… en la agonÃa se desea… ¿Qué digo? Hasta los condenados a muerte desean. Muchos piden, como gracia postrera, poder poseer a una mujer. Tan maravilloso es el instinto creador del hombre. Únicamente los hombres poca cosa33 hacen filosofÃa de su castración mental. Cuando usted encuentra un imbécil que diserte sobre su inercia, puede estar seguro de que se encuentra frente a un monstruo de la envidia y de la impotencia.
—Usted es formidable. ¿Ha deseado en la agonÃa….
El Astrólogo se detiene y cierra automáticamente la puerta del antiguo armario, girando la llave olvidada en la cerradura.