Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Aurora… Aurora Juanco… Bueno; como te decÃa, le digo: “Tengo ganas de tomar mate.†“Esperá un momentoâ€, me dice, y sale. Yo quedé recostado en la cama. Enfrente habÃa un reloj despertador. Eran las dos y media, más o menos. A esa hora se levantaba todos los dÃas. Pasó un largo rato, y no venÃa. Me llamó la atención, y para entretenerme me puse a leer una revista. Al mismo tiempo pensaba en ti. Otra vez volvà a mirar el reloj. Eran las tres. Yo me preguntaba qué diablos habrÃa ocurrido, cuando a las tres y diez aparece ella, cojeando, con unos paquetes entre las manos. Fijate que tenÃa los pies lastimados de caminar, con tales llagas, que para poder sacarse las medias tenÃa que remojarse antes las medias. Bueno; habÃa ido a comprar, para satisfacer mis ganas de tomar mate, una pava, una bombilla, yerba, factura, y estaba pálida del dolor que sentÃa en los pies. Todo por mÃ. ¿Te das cuenta, Elsa? Hay que salvarla. Y vos tenés que ayudarme…