Los Lanzallamas
Los Lanzallamas ―Me desperté bruscamente, como si se me hubiera terminado el sueño, y sin embargo no hacía dos horas que me había dormido, y estaba muy cansado. Me desperté bruscamente, sentándome en la cama de un modo automático. Luego, como si me hubieran llamado, sin vacilar, sin temor a ser escuchado, me levanté, abrí la puerta de comunicación con el dormitorio de Aurora y entré. Ella, sentada en la cabecera de su cama, me esperaba en la oscuridad con los brazos extendidos, como si hubiéramos convenido un encuentro en tal actitud. Sin decirnos una palabra, nos abrazamos tan ansiosamente que yo casi me desmayé de felicidad.