Los Lanzallamas
Los Lanzallamas —Siempre estoy en comediante. Indiferentemente de los sucesos que me ocurren. Como le decía ayer: A Erdosain lo castigué en frío para ver si yo podía hacer la parte de amante burlado. Luego me arrodillé ante él, pensando: “¡Qué efecto magnífico en cine hincarse frente al hombre que hemos golpeado!”. Incluso le hice creer que me desesperaba la angustia. ¿Qué me importa a mí la verdad? ¿Para qué sirve la verdad? A mí la verdad me importa un pepino. Me he analizado lo suficiente para comprender que soy una naturaleza grosera y cínica. Lo único que me interesan son las comedias. Soy capaz de representar el papel del hombre más desesperado. Se me llenan los ojos de lágrimas, las mejillas se me enrojecen, los ojos me centellean, y por dentro me estoy burlando del que me contempla emocionado. A Erdosain lo visitaba, y mientras estaba frente a él representaba al hombre taciturno, acosado por un destino siniestro. ¡Y el infeliz se lo creía!