Los Lanzallamas
Los Lanzallamas »Todo esto no sería nada si mis sentimientos fueran buenos, honestos… Pero no: lo grave es que, junto al farsante, se encuentra la personalidad del hombre maligno. Vea, tenía yo dos amigos que se detestaban mutuamente. Pues, a uno le hablaba bien del otro, y viceversa. Si escucho que dos discuten, atizo la discusión. No me importa quién tenga razón; lo que me interesa es movilizar pasiones. Cuanto más bajas, mejor. Muchos padecen porque dicen que buscan la verdad. Frente a esos cretinos me coloco en su mismo lugar. ¿Usted cree que es cierto lo de la hija de la espiritista? No. ¿Y lo del fantasma de la escoba? No; son todas historias que les cuento a los demás para representar el papel de hombre al margen de la locura. ¡No se imagina lo que me divertí con ciertas personas que me recomendaban procedimientos higiénicos para evitar la neurosis! ¿Qué opina usted de todo esto?
Entre la ríspida horqueta de un duraznero tiemblan las cinco agujas azules de una estrella. Ergueta se acuerda involuntariamente de un caballo ciego que en una chacra hacía girar una noria entre soledades de orégano y lechuga, y contesta a la pregunta de Barsut:
—Hay un versículo en el Deuteronomio, capítulo 13, que dice: “No darás oído a las palabras de tal soñador de sueños”. Y más adelante, el profeta ha escrito: “Y el tal soñador de sueños ha de ser muerto”.91