Los Siete locos

LAS OPINIONES DEL RUFIÁN MELANCÓLICO

Y cuando ya doblaron en la esquina de la quinta, Erdosain dijo:

—¿Sabe que no tengo cómo agradecerle este enorme favor que me ha hecho? ¿Por qué me regaló usted este dinero?

El otro, que caminaba moviendo ligeramente los hombros, se volvió displicente y dijo:

—No sé. Me encontró en buen momento. Si eso uno tuviera que hacerlo todos los días...pero así... Además que, imagínese, en una semana lo recupero...

La pregunta se le escapó a Erdosain.

—¿Y cómo es que teniendo usted una fortuna sigue en la «vida»?

Haffner se volvió, agresivo, luego:

—Vea, amigo, la «vida» no es para todos los hombres. ¿Sabe? ¿Por qué yo voy a dejar tres mujeres que rinden dos mil pesos mensuales sin ningún trabajo? ¿Las dejaría usted? No. ¿Entonces?

—¿Y usted no las quiere? ¿Ninguna de ellas lo atrae especialmente?

Recién después de lanzada esta pregunta Erdosain comprendió que acababa de decir una tontería. El macró lo miró un segundo, y repuso:

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