De sangre y cenizas
De sangre y cenizas —Poppy, no puedes quedarte callada por más tiempo —dijo Hawke mientras se inclinaba contra la puerta de su habitación, la luz de la luna bañando su rostro.
—¿Qué quieres que haga? —susurró ella, su voz temblando. La rabia y la confusión se entrelazaban en su interior como una tormenta.
—Exige respuestas. —Él se acercó, sus ojos dorados perforándola—. Si ellos no quieren decírtelo, yo lo haré. Pero debes estar preparada para lo que viene.
Esa misma noche, durante una reunión privada con la Duquesa y el Duque, Poppy decidió actuar. —Quiero saber la verdad sobre el Bosque de Sangre, sobre esas criaturas. ¿Qué es lo que realmente está pasando?
La Duquesa alzó una ceja, su tono calmado pero cargado de desprecio. —Tu deber no es cuestionar, niña. Es obedecer.
Pero el Duque, con su sonrisa cruel, dejó escapar una risa seca. —Oh, ¿quieres respuestas? —se inclinó hacia adelante, sus dedos tamborileando sobre la mesa—. Entonces aquí tienes una: no eres más que un peón. Tu vida no te pertenece. Es un sacrificio necesario para el bien mayor.
El aire se volvió pesado, y Poppy sintió cómo el fuego de la rabia consumía sus dudas. —No soy un sacrificio. Soy una persona.