De sangre y cenizas
De sangre y cenizas Su insolencia la enfureció, pero también la intrigó. Había algo en él que la hacía cuestionar todo. Los días que siguieron fueron un tira y afloja entre ellos. Poppy, acostumbrada a la obediencia ciega de quienes la rodeaban, se sintió desarmada ante la osadía de Hawke.
En secreto, lo observaba durante sus entrenamientos con otros guardias. Sus movimientos eran fluidos, calculados, como un depredador acechando a su presa. Pero cuando le dirigía una sonrisa o un comentario mordaz, algo cálido y desconocido florecía en su pecho.
Las cosas llegaron a un punto crítico una noche en la que Poppy, en una de sus escapadas, se encontró atrapada en un callejón oscuro de Masadonia. Un grupo de hombres, borrachos y peligrosos, la rodeó, burlándose de su capa y su silencio. Antes de que pudiera desenfundar su daga, una figura emergió de las sombras.
—Si valoran sus vidas, retrocedan. —La voz de Hawke era tranquila, pero su mirada prometía muerte.
En cuestión de segundos, los hombres se dispersaron, dejando a Poppy temblando. Hawke se giró hacia ella, su expresión una mezcla de enojo y fascinación.
—¿Siempre te metes en problemas cuando no estoy cerca?
—No necesito que me salves —replicó ella, alzando el mentón.
