Un subterráneo llamado Moebius
Un subterráneo llamado Moebius El metro funcionaba, como siempre. Pero bajo su superficie, un pulso extraño comenzaba a crecer, un latido que solo unos pocos podrÃan sentir antes de que todo cambiara para siempre.
El 4 de marzo, el tren número 86 desapareció. Al principio, nadie pareció notarlo. La multitud diaria de pasajeros llenaba los andenes y pasillos como un rÃo incesante, y un tren menos se diluÃa en la rutina. Pero cuando Gallagher, su conductor, no apareció en su puesto, el desconcierto empezó a crecer. Nadie habÃa visto el tren partir ni llegar a su destino. Las tarjetas de registro se quedaron mudas, las estaciones vacÃas y los relojes marcando un silencio inquietante.
Kelvin Whyte, director general, sintió un frÃo que no provenÃa del invierno. La desaparición de un tren completo, con trescientos cincuenta pasajeros a bordo, era algo que desafiaba toda lógica. La policÃa inició interrogatorios, la prensa olfateó el misterio, y la ciudad empezó a murmurar sobre fantasmas y desapariciones. Pero el sistema seguÃa funcionando, imperturbable, como si nada hubiera ocurrido.
