La venganza de la Petra
La venganza de la Petra DICHOS y Petra. Llaman a la puerta repetida y fuertemente.
NICANORA: ¡Jesús, qué manera de llamar!... ¿quién será?
NIC.: Alguno que necesita algo, de seguro, porque esas prisas... (Queda escuchando. Vuelven a llamar.)NICANORA: (Que va a abrir.) ¡Ay, Virgen!... (Alto.) ¿Quién es?
PETRA: (Fuera) Abra usté, madre.
NICANORA: NICANORA ¡La Petra!... ¡Hija!... (corre a abrir.) ¡Es la chica!
PETRA: (Entrando desolada en el comedor. La abraza.) Soy yo, madre, soy yo, que vengo... (No la dejan acabar los sollozos.)
NICANORA: Pero, ¿tú a estas horas y llorando de ese modo?... Pero, ¿qué te pasa, hija?
PETRA: ¡Ay, madre, es que no puedo más! (Llora.)
NIC.: ¡¡Arrea!!... ¡Mi hija hecha una Madalena!
NICANORA: Pero, habla, hija, habla... ¿Qué te ha ocurrido?... ¿Qué ha pasao?
PETRA: Pues naa, madre, que Manolo m'ha dao un disgusto de muerte y yo ya no puedo aguantarlo.
NIC.: ¡Atiza, reyerta conyugal!... ¡Claro, madrugan!
NICANORA: Pero, ¿qué t'ha hecho?
PETRA: Ustés no puén figurarse el veneno que estoy tragando. Y como esto no es vida ni es ná, pues he tirao por la calle de enmedio. Y me he ido de mi casa.
