La venganza de la Petra
La venganza de la Petra EUDOSIA y Conesa
CONESA: (Entrando.) Joviales y salutÃferos, pimpollo.
EUDOSIA: Alante, maestro, (pasándole a la alcoba.) El señor Nicomedes, que pase usted aquà y arregle las cosas, que ahora sale.
CONESA: Que no tenga prisa. ¿Y cómo tú por esta barriada, cariño?
EUDOSIA: Que he venÃo con la señorita. Que vengo siempre que pueo, tonterÃas que tié una.
CONESA: Y bien que me alegro de verte, mujer.
EUROSIA: (Con coqueterÃa) Lo mismo digo.
CONESA: Gracias. ¿Y tú cómo estas, prenda?
EUDOSIA: Jé, je... pos ya lo ve usté.CONESA: Ya lo veo, ya. ¡Vaya salú, vayan colores y vayan!... ¡Oye, sabes que tienes un frente occidental que resquebraja!
EUDOSIA: Este señor Conesa es el demonio.
CONESA: El demonio con su tenedor.
EUDOSIA: ¡Ya está usté güeno!
CONESA: Convaleciente na más; pero a tu lao recaigo. (Se deja caer sobre su hombro.)
EUDOSIA: Pos sostenerse sólito, ¿eh?
CONESA: Es que yo, si no es con sustancia de carne, no me sostengo.
EUDOSIA: ¡Granuja!... Bueno, déjeme usté, que luego se hace una ilusiones y... (le hace con coqueterÃa un mohÃn gracioso)
