La venganza de la Petra

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ESCENA IV

EUDOSIA. Luego Conesa

EUDOSIA: ¡Qué hombres!... ¡Hay que ver la alegría que le ha dao a ese granuja cuando le he dicho que podía subir! ¿Y too pa qué? Pues por el puntillo de poder decir «una más»; porque si una no supiá defenderse de estos tíos, la honra de una «adiós y que usté lo pase bien...» ¡Pero menudo chasco se lleva! Ahora, que la verdá, es lástima que este Conesa sea tan sinvergüenza pa las mujeres; porque como simpático .. ¡Amos!, que es un tío que yo le tengo una rabia tan rara, que hay días que yo no sé si romperle las narices o si regalarle un tapabocas... (Llaman.) ¡Ya está ahí ese ladrón! (sale a abrir.) Pasa, bandolina.

CONESA: (Con sombrero ancho, una capa y la bandurria bajo el brazo. En la mano un paquete. Se asoma embozado.)¿No correrá peligro esta tontería bípeda?

EUDOSIA: Pasa sin miedo. ¿No te ha visto entrar nadie?

CONESA: Ni un roedor, vulgo rata. ¿Estamos solos?

EUDOSIA: Solos, Conesa.

CONESA: Y dime, flor de un día, ¿qué arranque ha sido este que has tenío de invitarme a que te convidase a cenar?

EUDOSIA: Ná, que los amos no vendrán hasta la una, y yo he dicho, pos de andar hablando por las esquinas, más vale que suba.


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