La venganza de la Petra
La venganza de la Petra MANOLO, Raimunda y Bibiano
BIB.: ¡Hijo mío!
RAIM.: ¡Gloria de tu madre! (Le besan.)
MANOLO: Hola.
BIB.: ¿Solo?
MANOLO: Si, señor.
BIB.: ¿No ha pareció entavía la... la niña esa?
MANOLO: No, señor. Toavía es temprano.
BIB.: Pa los serenos. ¡Como no s'haiga sentao en Recoletos, a esperar que se acabe la guerra, no me explico este retraso.
RAIM.: (Aparte a Bibiano.) Yo Sí. (A Manolo.) ¿Has cenao, encanto?
MANOLO: Toavía no.
RAIM.: ¡Oyes, la perla de mi alma sin cenar a estas horas!... ¿Quiés que vaya tu madre a casa por una taza de caldo, hijo mío? (casi llorando.)
MANOLO: No, señora... ¡no faltaba más! Gracias.
RAIM.: ¡La muy galocha!... ¡A estas horas por ahí de jota!..
MANOLO: Madre. Eso de jota...
BIB.: Tómalo como aire nacional, hijo mío. Tu madre no lo dice a mal decir.
RAIM.: Que lo tome como quiera; pero es un cargo de conciencia tener al marido a las nueve de la noche esperando, muerto de hambre...
