De sobremesa
De sobremesa —Cuente usted ahora los antecedentes de su familia, descríbamela, pínteme usted su país, la ciudad donde usted se formó, dígame usted cuanto crea que pueda ilustrarme.
Lo hice sencillamente y hablé por largo tiempo sin que dejara de prestarme atención por un segundo, ni me quitara de encima los ojos.
—Ahora tenga usted la bondad de exponerme la organización actual de su vida, sus planes para el futuro, todo lo que se refiere al presente.
Hablé contándole mi existencia casi monástica desde mi encuentro con Helena, los planes que abrigo respecto de mi país, le referí el incidente que tuvo lugar en la alcoba de Constanza Landseer, mis estudios de griego y árabe, los infructuosos ensayos hechos para encontrar a la que es hoy toda la vida de mi alma… hasta que esta pregunta hecha con la ingenuidad de niño que tienen los sabios cuando se trata de cuestiones de sentimiento, me desconcertó porque no supe qué responderle.