De sobremesa
De sobremesa —¿Y cuál de esas enfermedades creen ustedes que tengo yo? —pregunté divertido ya por el personaje.
—Sería aventurado un diagnóstico en estos momentos en que la indecisión de los síntomas y las escasas nociones que poseemos sobre la etiología del mal, impiden la precisión requerida —dijo con gravedad sacerdotal—. Los síntomas harían creer en una somnosis o en una narcolepsia, pero nada podemos precisar antes de que se regularicen las funciones del tubo digestivo. Ingeniis largiter ventris…
—Hay que purgarlo —soltó el esculapio de la cabeza calva, disparando aquella frase como un pistoletazo, y como si se tratara de un caballo.
Los versos de la zarzuela española me cantaron en la memoria y trajeron involuntaria sonrisa a mis labios.
Juzgando por los síntomas.
Que tiene el animal.
Bien puede estar hidrófobo.
Bien puede no lo estar.
Y afirma el grande Hipócrates.
Que el perro en caso tal.
Suele ladrar muchísimo.
O suele no ladrar.