De sobremesa
De sobremesa Han sido diez días de actividad loca, sin resultado alguno. Desde hace cinco hay un empleado mío en cada una de las capitales de Europa, sin más oficio que recorrer los hoteles y telegrafiarme. Por conducto de Marinoni y so pretexto de un negocio de grande importancia he logrado que la agencia Charnoz les transmita a sus corresponsales del mundo entero el nombre de Scilly, para que averigüen por él, y yo me paso las horas en mi escritorio esperando, minuto por minuto, la llegada de los partes telegráficos o de los telegramas. Empresa inútil; empresa inútil, y sin embargo, tengo la seguridad de encontrarla y de que algún día, al contarle mi impaciencia de estas horas, sus pupilas azules tengan un brillo más dulce al mirarme y se sonrían sus labios apenas rosados, animando con esa sonrisa la sobrenatural palidez exangüe de las mejillas enmarcadas por la rizosa e indómita cabellera castaña, que tiene visos de oro donde la luz la toca.
