El secreto del exito
El secreto del exito Muchas enseñanzas ocultas contienen instrucciones para «matar al deseo» y al estudiante se le advierte que debe ser consciente de él, incluso en sus más sutiles e insidiosas formas, incluso hasta el extremo de «evitar el deseo de no tener deseos». Todo esto es tontería, pues si alguien «desea» o «quiere» o «se siente inclinado» o «cree que es mejor» matar al deseo, en cualquiera de estos casos tan sólo está manifestando un deseo, el deseo de no desear, aunque utilice otros nombres. ¿Qué es ese «desear», «querer», «sentir inclinación», «gustar» sino un simple, llano y puro deseo enmascarado bajo otros nombres? Proceder a matar el deseo sin «desear» hacerlo es como tratar de elevarte a ti mismo tirando hacia arriba de tus calcetines. Simple locura. Lo que realmente quiere decir esto es que el ocultista debería esforzarse por desprenderse de los bajos deseos que pueda contener su naturaleza y también deshacerse del «apego a las cosas». En relación con esto, os diré que todo verdadero ocultista sabe que incluso las mejores «cosas» no son lo suficientemente buenas como para mandarnos y gobernarnos, nada es suficientemente bueno para que el alma se permita aferrarse a ello hasta el punto en que dicha cosa la gobierne en lugar de ser el alma quien gobierne a la cosa. Esto es lo que la enseñanza realmente dice, evitar el «apego», y en esto los maestros ocultistas tienen razón. El deseo es un dueño terrible. Barre los apoyos del alma como lo haría el fuego, dejando nada más que cenizas humeantes. Pero también al igual que el fuego, el deseo es un servidor espléndido y con su poder controlado podemos generar el vapor de la voluntad y de la actividad y lograr grandes cosas en el mundo. Sin el adecuado deseo en el mundo no habría actividad. Así, no cometas el error de rechazar el deseo al igual que tampoco debes rechazar el fuego, pero en ambos casos, debes mantener el control en tus propias manos, evitando que dicho control pase de ti al deseo.