La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento
La ley de la atraccion en el mundo del pensamiento Me he percatado, en mis propios asuntos, de que cuando permito que cualquier distracción externa me aparte de mi lÃnea de trabajo habitual, no pasa mucho tiempo antes de que me empiecen a devolver recibos y que mis asuntos demuestren claros signos de falta de vitalidad. Ahora bien, habrá quien diga que la causa es que habré dejado algunos asuntos sin solucionar, asuntos que habrÃa hecho si mi mente hubiera estado concentrada en ellos. Es cierto; pero también he percibido resultados similares en casos en los que no habÃa nada que hacer, casos en los que la semilla estaba sembrada y la cosecha no tenÃa más que madurar. Y en esos casos, en cuanto dirigà mi pensamiento a la cuestión la semilla empezó a brotar. No estoy sugiriendo que tuve que emitir una enorme cantidad de ondas mentales con la idea de afectar a otras personas…, de ninguna manera. Simplemente comencé a darme cuenta de que me hallaba en posesión de algo muy beneficioso, que interesaba a otras muchas personas, y que estaba encantado de que todo el mundo pudiera tener acceso a ello. Mi pensamiento parecÃa revitalizar el trabajo, y las semillas empezaron a dar fruto. No es ninguna fantasÃa, pues lo he experimentado en varias ocasiones. He hablado con otras muchas personas de este tema y he descubierto que nuestras experiencias encajan perfectamente. Asà que no hay que caer en el hábito de permitir esas filtraciones mentales. Mantén el deseo fresco y activo, y deja que lleve a cabo su labor sin las interferencias de deseos contrapuestos. Mantente enamorado de aquello que deseas alcanzar —alimenta tu fantasÃa con ello—, considéralo conseguido, pero no pierdas el interés. Mantén tu atención en tu interés primordial, y mantén tu pasión rectora fuerte y vigorosa. No seas un polÃgamo mental —el ser humano sólo necesita un amor mental—, es decir, ten tus deseos uno a uno.