Meditaciones
Meditaciones 52. Cabe la posibilidad, en lo concerniente a eso, de no hacer conjetura alguna y de no turbar el alma; pues las cosas, por sí mismas, no tienen una naturaleza capaz de crear nuestros juicios.
53. Acostúmbrate a no estar distraído a lo que dice otro, e incluso, en la medida de tus posibilidades, adéntrate en el alma del que habla.
54. Lo que no beneficia al enjambre, tampoco beneficia a la abeja[96].
55. Si los marineros insultaran a su piloto o los enfermos al médico, ¿se dedicarían a otra cosa que a poner en práctica los medios para poner a salvo la tripulación, el primero, y para curar a los que están bajo tratamiento, el segundo?
56. ¡Cuántos, en compañía de los cuales entré en el mundo, se fueron ya!
57. A los ictéricos les parece amarga la miel; los que han sido mordidos por un perro rabioso son hidrófobos, y a los pequeños les gusta la pelota. ¿A qué, pues, enojarse? ¿Te parece menos poderoso el error que la bilis en el ictérico y el veneno en el hombre mordido por un animal rabioso?
58. Nadie te impedirá vivir según la razón de tu propia naturaleza; nada te ocurrirá contra la razón de la naturaleza común.