Meditaciones
Meditaciones 49. No te digas a ti mismo otra cosa que lo que te anuncian las primeras impresiones. Se te ha anunciado que un tal habla mal de ti. Esto se te ha anunciado. Pero no se te ha anunciado que has sufrido daño. Veo que mi hijito está enfermo. Lo veo. Pero que esté en peligro, no lo veo. Así pues, mantente siempre en las primeras impresiones, y nada añadas a tu interior y nada te sucederá. O mejor, añade como persona conocedora de cada una de las cosas que acontecen en el mundo.
50. Amargo es el pepino. Tíralo. Hay zarzas en el camino. Desvíate. ¿Basta eso? No añadas: «¿Por qué sucede eso en el mundo?». Porque serás ridiculizado por el hombre que estudia la naturaleza, como también lo serías por el carpintero y el zapatero si les condenaras por el hecho de que en sus talleres ves virutas y recortes de los materiales que trabajan. Y en verdad aquéllos al menos tienen dónde arrojarlos, pero la naturaleza universal nada tiene fuera; mas lo admirable de este arte estriba en que, habiéndose puesto límites a sí mismo, transforma en sí mismo todo lo que en su interior parece destruirse, envejecer y ser inútil, y que de nuevo hace brotar de esas mismas cosas otras nuevas, de manera que ni tiene necesidad de sustancias exteriores, ni precisa un lugar donde arrojar esos desperdicios podridos. Por consiguiente, se conforma con su propio lugar, con la materia que le pertenece y con su peculiar arte.