Meditaciones
Meditaciones 35. La pérdida no es otra cosa que una transformación. Y en eso se regocija la naturaleza del conjunto universal; según ella, todo sucede desde la eternidad, sucedía de la misma forma y otro tanto sucederá hasta el infinito. ¿Por qué, pues, dices que todas las cosas se produjeron mal, que así seguirán siempre y que, entre tan gran número de dioses, ningún poder se ha encontrado nunca para corregir esos defectos, sino que el mundo está condenado a estar inmerso en males incesantes?
36. La podredumbre de la materia que subyace en cada cosa es agua, polvo, huesecillos, suciedad. O de nuevo: los mármoles son callosidades de la tierra; sedimentos, el oro, la plata; el vestido, diminutos pelos; la púrpura, sangre, y otro tanto todo lo demás. También el hálito vital es algo semejante, y se transforma de esto en aquello.
37. Basta de vida miserable, de murmuraciones, de astucias. ¿Por qué te turbas?, ¿qué novedad hay en eso?, ¿qué te pone fuera de ti? ¿La causa? Examínala. ¿La materia? Examínala. Fuera de eso nada existe. Mas, a partir de ahora, sea tu relación con los dioses de una vez más sencilla y mejor. Lo mismo da haber indagado eso durante cien años que durante tres[147].
38. Si pecó, allí está su mal. Pero tal vez no pecó.