Meditaciones
Meditaciones 21. Quien no tiene un solo e idéntico objetivo en la vida, es imposible que persista durante toda ella único e idéntico. No basta lo dicho, si no añades eso: ¿Cuál debe ser ese objetivo? Porque, del mismo modo que no es igual la opinión relativa a todas las cosas que parecen, en cierto modo, buenas al vulgo, sino únicamente acerca de algunas, como, por ejemplo, las referentes a la comunidad, así también hay que proponerse como objetivo el bien común y ciudadano. Porque quien encauza todos sus impulsos particulares a ese objetivo, corresponderá con acciones semejantes, y según eso, siempre será el mismo.
22. El ratón del monte y el doméstico; su temor y su turbación[168].
23. Sócrates llamaba a las creencias del vulgo «Lamias»[169], espantajos de niños.
24. Los lacedemonios, en sus fiestas, solían colocar los asientos para los extranjeros a la sombra, pero ellos se sentaban en cualquier sitio.
25. Sócrates explica a Perdicas que el motivo de no ir a su casa era: «para no perecer de la muerte más desgraciada»[170], es decir, por temor a no poder corresponder con los mismos favores que le habría dispensado.
26. En los escritos de los efesios[171] se encontraba una máxima, «recordar constantemente a cualquiera de los antiguos que haya practicado la virtud»[172].